viernes, 11 de noviembre de 2011

(Charlie-salida-22). Del amor, con perdón.



         No cejo en seguir la serie de artículos que conformarán un texto cuyo título será Breve prontuario para viajeros… Ya saben quienes algo leyeron de él sobre la felicidad.
         Tengo para mí que esto de las entradas, como las listas de libros que uno prepara para ir leyendo se asemeja a la caza, es decir, que donde menos se espera cambia el compás, salta la liebre, se cambia de libro y orden y así se me quedó colgado este otro asunto capital, entiendo, en la vida de una persona: el amor. Se cruzaron Rafael Ballesteros, marchando, y Murakami, corriendo...
         La anterior entrada de este Breve prontuario para viajeros, hace casi un mes, comenzaba con una idea de Joaquín Sabina y ésta también hace referencia a mi paisano. Sitúa éste el suceso que a continuación narro en El café de Nicanor, allá por su disco Dímelo en la calle. Le preguntaron un día a Nicanor si había estado enamorado y como éste es hombre sincero: “¿Yo? No señor –contestó- yo siempre fui camarero”.
         La historia, sin embargo no es como la cuenta Sabina -¡cuidado con el Paternina!-, sino que ésta tiene lugar primera y principalmente en la película My darling Clementine, (Pasión de los fuertes) 1946, en la que Henry Fonda (Wyatt Earp) le pregunta al camarero J. Farrel MacDonald (Mac) si él había estado enamorado y éste le contesto: “No: he sido camarero toda mi vida".
         Estos sucesos no resultan ajenos. Por testigos pongo a mi madre y a la Luisi, mi tata que fue, que yo creía que los soldados no se casaban nunca, pues siempre en mi primera infancia los veía ir vestidos de militares, en grupos y sin chicas. Tesis que luego, pasados los años, no se cumplió. Parece que los soldados se casaban y también es posible que los camareros se enamoren, porque éstas son cosas que podrían pasan.
         Escrito esto, anuncio:
1.     no me voy a extender mucho hablando del amor, creo;
2.     sobre el amor se ha escrito muchísimo y bien, seguro, desde que se puso la primera letra en sepa Dios dónde;
3.     quiero dejar bien claro que el amor no es básica y meramente un sentimiento;
4.     el amor se presenta bajo formas diversas y comporta relaciones igualmente diversas;
5.     que no se debe confundir el enamoramiento con el amor; y que
6.     el amor no es exclusivamente sexo.
         Lo más encomiástico que del amor se puede decir es que Dios es amor. Es decir: Aquél a quien consideramos lo máximo, el Ser de quien predicamos su perfección absoluta, de quien reconocemos todo en grado sumo afirmamos que es amor: Dios… es amor, lo escribe San Juan en su evangelio.
         En su Metafísica del bien y del mal, Carlos Cardona afirma: «Dios obra por amor, pone el amor, y quiere sólo amor, correspondencia, reciprocidad, amistad (...). Así, al Deus caritas est del evangelista San Juan, hay que añadir: el hombre, terminativa y perfectamente hombre, es amor. Y si no es amor, no es hombre, es hombre frustrado, autorreducido a cosa». Lo que leído y sopesado mete las cabras en el corral al más pintas.
         El amor, por tanto, es realidad capital para el viajero. El viajero piensa que no conoce a nadie que no desee ser amado. Todos deseamos amar y ser amados. Ser conocidos y reconocidos. El amor siempre es una relación interpersonal, electiva, selectiva. El amor es imposible entre una persona y una cosa.
         Un hombre pequeñuelo y sabio, poeta tan impar como inexplicable, San Juan de la Cruz afirmaba que a la tarde se nos juzgará de amor. Es decir, al final de nuestros días parece ser –y así se lo oí también a Tomás Melendo en una conferencia- lo más importante de esta vida es amar y ser amado.

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