14 de marzo de 2017

277-CHARLIE-SALIDA- Y de júbilo grita el jubilado.

Adiós, buen viaje... 

                                          A don Enrique Vílchez Sánchez.

            Mi querido charlie:

      Te repito la vieja anécdota de Borges. La he contado tantas veces que ya no sé si ocurrió exactamente como la refiero, pero así la recuerdo. Le hacían al escritor, ya ciego, una entrevista y le hablaban de su muerte, no sé si del temor a ella, de cómo le gustaría morir, etc. y Borges contestó que lo único que pedía era morir en España porque “en España es donde mejor entierran”. La convicción de Borges entronca directamente con ese defecto tan español, especialmente señalado por Unamuno, como es la envidia. El pecado capital por excelencia de los españoles, decían y dicen, es ese: la envidia…, y esta solo cesa y deja descansar al envidioso cuando muere el envidiado: ¡gloria, loa, enaltecimiento, aclamación y elogio para quien muerto ya no hace sombra! ¡Qué paz trae la muerte del envidiado al envidioso! Ambos descansan en paz y es por ello que enterramos en España qué da gloria vernos…
     Pues no es el caso… Con la seguridad que me dan los diccionarios -que no siempre Internet, a veces tan marrullero-, me asesoro para pisar voquibles que no me enchortalen. El verbo ‘jubilar’, pronominal e intransitivo, según Corominas y Pascual (por vía de Julio Cejador, que nos lleva a Nebrija), nos indica que jubilar aparece primeramente en el sentido secundario de ‘alcanzar la jubilación’: «jubilado, suelto de trabajo: emeritus; jubilar, suelto ser assíy» (Nebr.), es decir: no se trata tanto de su primera acepción del verbo latino iubilāre,  ‘lanzar gritos de júbilo’, si bien camino de eso voy. Por influencia de  jubileo, festividad celebrada cada 50 años, los mismos tras lo que se concedía antiguamente la jubilación. Resumiendo: que a los 50 años no sé si de declaraciones al  fisco, Ministerio de Hacienda de la época, entiendo, de los Reyes Católicos, se jubilaban los parias o con cumplir 50 ya se podía dar de mano… (¿alguien que lo aclare? A lo mejor el mismo don Enrique Vílchez). No les quepa duda de que fuera como fuese 50 años de la época debían ser un renglón a tener en cuenta.
        Cuando veas las barbas de tu vecino… y eso ha ocurrido con mi colega y, sin embargo, compañero y amigo Enrique Vílchez Sánchez… que se ha repelado las barbas y se ha jubilado. Por no estar presente en ese momento, cosas de la cirugía, no sé si dio gritos o no de alegría. Sé que se largó. Que se fue como tantos otros educadores y enseñantes he visto irse. Sacudirse los zapatos a la puerta del Centro, y no volver la mirada atrás, eso lo sé de largo.
        Si yo fuera encargado mínimo de responsabilidad en el ramo, en la enseñanza primaria y secundaria (de lo que Dios me libra), más allá de la provincia, más allá de los comisarios, me preguntaría que tiene mi área, mi servicio, la educación, que todo aquel que cumple los 60 años coge la de Villa Diego y toma por la tiesa y, sin volver la vista atrás, ¡ni se despide! ¿Qué tiene mi empresa, mi negocio, mi servicio que nadie quiere permanecer en él? Personas válidas para enseñar y educar, con plenas capacidades físicas, mentales e intelectuales, con prestigio, con empeño en su profesión y oficio durante años, con interés, con conocimiento sobradamente demostrado de su materia… ¡se largan en el minuto cero tras cumplir los 60 años! Los chicos jóvenes emigran al extranjero porque no hallan trabajo, capital humano perdido, gente con cierta formación, ¡pero en formación!…, pero ¿y estos profesores ya formados, capaces, habiendo demostrado sus cualidades, sus talentos, su competencia…, por qué no se les incentiva, por qué no se quieren quedar, por qué huyen como alma santa que vio al diablo o como el diablo huye  del agua bendita?
        Solo permanecen en el puesto aquellos que cobran mucho más en activo que jubilados. El motivo es económico y laboral: por sus cargos y encargos dan pocas horas de clase y cobran mucho. ¿Por qué no se jubilan los profesores universitarios a los 60 años -si es que pudieren que no lo sé-? ¿Por qué directores de centros de primaria y secundaria no se jubilan a los 60? No me digan que es por amor a la educación, a la materia que imparten… y al bien común y a esa entidad llamada Humanidad o gente, que me derrito en la melcocha. Dejemos el traje de luces del cinismo para otras parroquias.
       Es una lástima que mi amigo Enrique Vílchez se haya jubilado hace unos días y en él hago modelo de otros muchos, mucho antes… que se fueron, muchos que se irán sin que nadie se apene ni mueva un músculo por no perder esos tesoros de profesores, esos auténticos capitales. Cierto que algunos, como don Guido y el  maestro Ciruela, bien idos están y otros, que aún quedan, tanta paz se lleven como dejan, pero ¡¡el buen profesor, el que sabe educar, enseñar, ocuparse, preocuparse…!!: ¡una lástima que se vaya a ese país, llamado Jubilandia, del que, segurísimo, nunca volverá!

       Buen viaje.


       Tucho Castelo.

5 de marzo de 2017

Toole, John Kennedy: LA CONJURA DE LOS NECIOS

 Por motivos que no vienen al caso, un suceso antiguo de mi vida lo califiqué como “la conjura de los necios”, sin saber que existía libro con semejante título: uno no puede saberlo todo ni haberlo leído todo, gracias a Dios. No sé dónde ni al hilo de qué, ni ahora importa, en mi novela Dios no come caracoles, debí escribir algo así como la ya citada “conjura de los necios” y dos lectores de mi novela, por un mal entendimiento mío, sin duda, me dijeron que mi obra les recordó a la de John Kennedy Toole. La mar de afanoso, me hice con esta obra… Cuando llevaba casi 150 páginas no lograba entender en qué se parecía mi novela a esta otra… “No es por el contenido: ¡Que tú citas esa novela en la tuya!”, me dijo mi amigo… “¿Qué novela ni qué…?”… “Pues La conjura de los necios”… Bingo: por una necedad conjurada me compré y leí la novela de Toole. Maravillosas conjuras, estupendas necedades, espléndidas necedades conjuradas y delirantes.

 Deshecho el entuerto y leída la novela les puedo decir que tuve que aguantar, por el motivo arriba citado y porque no entendía demasiado, unas muchas decenas de páginas de qué iba aquello, pues no es que la novela empiece en una medias res, no: es que empieza en medio del desquiciamiento de un personaje, “un gordo cabrón”, como lo llama el señor Clyde dueño de Productos Paraíso… (venta ambulante de salchichas que, por cierto, se come el gordo y no las vende), a quién no hay lector que comprenda: entre la ironía inteligentísima y fina, la broma de calado, la ruptura de la realidad, la realidad que se impone por…, digamos, narices, etc. se produce una mescolanza que, ya perdonarán, lo que quizá no pase de una impertinencia intelectual: me recordaba a don Quijote (leo la contraportada ahora, terminada mi lectura, y no sin asombro veo que mis tiros no iban perdidos). Como don Alonso Quijano el bueno, el tal Ignatius Reilly, ese gordo cabrón de verborrea y facundia impar, no deja títere con cabeza: ataca a los molinos de viento tengan forma de negro, de vieja, de puta, de loro… o de lo que sea; a su vez el puñetero pájaro y las mozas del partido, en una calle del Barrio Francés de Nueva Orleans, arremeten contra él y lo dejan, descuajeringado, a los pies no de los caballos ni de los molinos, sino de un autobús que está a punto de llevárselo por delante a la otra vida; el cura y el barbero, so forma de su madre, la amiga de esta, Santa Battaglia, el tal Mancuso, el policía, la vecina, etc. quieren encerrar a Ignatius, y no es para menos, en un psiquiátrico; Myrna Minkoff es una especie de Dulcinea neoyorquina que, al final, viene a socorrer al puñetero loco…, no estando ella tampoco muy en sus cabales.
 El mundo que nos presenta Toole tiene una consistencia de realidad que se transmuta a los ojos y los discursos de don Quijote/Ignatius, un tipo leído y culto, que tras la realidad evidente vive a ratos en tiempos claramente anacrónicos, medievales; vierte creencias católicas deformadas que mezcla con un sinfín de ideas descabelladas, principios filosóficos… ¡su afán por que la gente lea a Boecio, Consolación de la filosofía! (un libro leidísimo, por otra parte, en su tiempo y en la Edad Media entre el personal culto) y todo se desquicia, descompone, recompone, se desarma y rearma… a los ojos del lector que, siguiendo los renglones de las páginas de la novela, no puede dar crédito a cómo ese gordo vestido de pirata, con un carro de vendedor de salchichas ambulante y una espada de plástico concibe la idea de que serán los invertidos, como él dice, quienes con sus vicios, sus vivencias, etc. ¡¡salven a la humanidad!! Para ello Ignatius creará un partido político cuyo inicio tendrá lugar en un fervorín que pretende dirigir a un grupo de homosexuales en casa de uno de ellos mientras tienen lo que hoy se llamaría una fiesta gay…
 Su paso por los dos trabajos que logra: como vendedor ambulante de salchichas y como administrativo en Levy Pants es de aurora boreal. La revolución que pretende en esta empresa es tamaña a tantas como don Quijote inicia contra el sentido común y la legislación de su tiempo: la liberación de los galeotes, el joven azotado, Andrés el pastor, etc. Los señores Levy, dueños de la empresa Levy Pants…, nacen también de un mundo irracional y me transportan… ilógicamente a una especie de realidad semejante a la pintada por Andy Warhol o, mejor aún, a Edward Hopper.

 Sorprendido por la novela no puedo decir que me haya resultado desagradable, salvo algunos pasajes. Creo que el lector que lee en traducción pierde muchos de los perfiles del estilo de Toole: menos da una piedra y más daño hace, y a seguir barajando.

 Por último, no sin cierta pena, en un libro comprado de segunda mano, puedo leer en una dedicatoria que hallo… “Con cariño para Javier. Para que nunca te olvides de mí”. Lo que no deja de ser, sin duda, una nueva conjura de necios en esta conjura global de listillos, memos, lelos, aprovechandas, codiciosos, simples, lerdos y tanta gente mala, como buena… La vida en rama. Pura conjura.

25 de febrero de 2017

CHARLIE-SALIDA-56- ¿Y AHORA QUÉ?

   Querido charlie:

   Con el asunto de la presentación de Dios no come caracoles, te diré, primero, que misión cumplida.

   Segundo, hay una vieja historia de mi casa que tenía su lógica en el niño que era mi hermano Javier. Criaba canarios mi padre por entonces y los tenía excelentes: cantarines y vistosos. Miraba un día Javier a uno precioso que cantaba desde su jaula en la cocina: cuanto más ruido, más cantaba. Miraba y remiraba Javier hasta que preguntó de pronto: “¿Y cuándo el canario se ponga como una gallina qué?”. La respuesta por obvia se contestaba sola. Nunca el canario se pondría como una gallina, por lo tanto en esa misma jaula pudo pasar toda su vida de pajarito encerrado.
   Ya te dije hace años, charlie, porque hace mucho que lo aprendí, que todo éxito es prematuro. Nemo ante mortem beatus esse dici potest. Se llenó la sala donde presentamos Dios no come caracoles. “Todo un éxito”, “Un verdadero triunfo”… ¿Éxito y triunfo de qué, para qué…, de quién?
SALÓN HASTA LA BOLA

   Nunca el canario se pondrá como la gallina. ¿Y ahora qué?, me preguntan muchos amigos tras la presentación de la novela. Me temo que la respuesta también se contesta solita: nada. La difusión del libro no da para más. En esta oportunidad, por el dinero de que disponía, he podido sufragar la edición. He enviado algo más de seiscientas cartas convocando a quien deseara ir, he vuelto a llenar el aforo de la sala donde presenté -casi doscientas personas que caben- todos salimos contentos, divertidos, fue un rato amable, quienes no lo habían hecho salieron con ganas de leer la obra… Eso sí, charlie, lo advierto y reconozco: ¡todos eran partidarios del autor! Si no amigos, conocidos y todas ellas personas (creo que eran cuatro los desconocidos para mí), que me miraban… con buenos ojos. Insisto: final del trayecto. Parada y fonda.

   He puesto la guinda a la meta que me propuse. Escribí una obra y la puse a disposición de quien quisiera leerla. Mi afán fue y es hacer pasar un rato amable a los demás, ayudar a crecer como personas a los demás, decirles sin ambages ni rodeos: “Te quiero”. Es posible que algún lileta piense tras cada obra que edito, “Otra obligación que nos echa este payo con la lectura de su libro”. Ninguno de mis prójimos y deudos, amigos y conocidos, leen por compromiso mis obras, espero y deseo. Como el poeta ya, tras 16 libros en danza y unos cientos de artículos publicados en prensa diaria casi todos, bien puedo decir “debeisme cuanto escribo”.

   No es final de nada, no es parada triste. Es lo que hay. La realidad es muy testaruda. Es cierto que quien no monta el culo en barco, se decía, no cruza la mar… Como no lo es menos que sin padrino no hay bautizo (lo del bautizo civil es de aurora boreal: “pa mear y no echar gota”, que decía el guarda). Los amigos más íntimos me animan a publicar este año 17 Un charlie cualquiera, libro anterior en su nacimiento a Dios no come caracoles, y que solo es conocido en originales no editados… De momento no es hora, charlie, de editar, sino de promover al boca-oreja para que la novela recién nacida llegue a muchas personas…

    Tucho Castelo. 

8 de febrero de 2017

Bauman, Zygmunt: LOS RETOS DE LA EDUCACIÓN EN LA MODERNIDAD LÍQUIDA


   Ha muerto Bauman. Alguna vez oí hablar de él. Leí algún artículo ligero de periódico sobre su pensamiento. Premio Cervantes, pensador acreditado. ¿Usted lo conoce? No se preocupe. Hoy casi no somos nadie. Seguro que él no se pensó ni se creyó imprescindible. Su experiencia vital, con su edad, le enseñaría que el cementerio está lleno de quienes se creían imprescindibles.
   Empiezo leyendo este folleto, que a libro no llega, donde el autor, entiendo, desde lo que son sus presupuestos teóricos hace un sucinto repaso a lo que entiende que está sucediendo en la educación en general, a la educación en Occidente, en los países llamémosles avanzados.
    La educación en general y la formación en particular siempre se consideró en casi todas las culturas un punto de llegada. La educación era un producto que se conseguía una vez alcanzados unos parámetros más o menos delimitados, mejores o peores, que daban como resultado poder afirmar que una persona estaba educada, formada, etc. La educación no era un proceso, insisto, sino un punto y final. La formación hoy, sin embargo, no se considera parada y fonda de nada, sino un proceso: la formación es una realidad a lo largo de toda la vida (sé de quien dijo esto hace cerca de un siglo: la formación no termina nunca). La formación, fruto de una visión analítica de la realidad, se troceó, se parceló, se delimitó y el individuo supuestamente formado cada vez sabía más de menos. Así nacieron los especialistas en pequeñas parcelas del saber y la sabiduría se colaba y se perdía entre las rendijas de esa especialización, quizá necesaria.
    Bauman es el autor del bautismo de lo que él llama la sociedad o la realidad líquida. Disculpen que no sepa yo demasiado de esto, pero por lo que veo que dice sobre esa educación líquida nos enfrentamos en el momento actual a tal cambio de parámetros, de visión de la realidad, que ya no nos encontramos con la aporía que la educación y la formación tuvieron siempre: educan quienes aprendieron ayer, enseñan hoy lo que otros debieran saber mañana…, porque hoy no sabemos qué debemos saber mañana ¿Qué demandará mañana la sociedad? Hoy sencillamente no sabemos en qué y cómo debemos educar. Todo, desde el momento en que se ha perdido la solidez de lo que conocemos, de lo que proyectamos, de lo que sabemos…, cuando todo es maleable y líquido lo que necesitamos no es una memoria que nos ayude a recordar lo aprendido, sino que debiéramos enseñar la capacidad de adaptación del educando a una sociedad camaleónica, mudable, inestable, ligera, lábil, innovadora, imprevisible, novedosa… Las referencias de solidez, de conocimiento firme… ya no importan: hay que aprender a cambiar, adaptarse a todo y a todos. Todo es relativo. Los expertos van muriendo porque el futuro y la velocidad con que este se hace presente es… su llegada es imprevisible. Todo es móvil, todo es puro movimiento imprevisible donde domina fundamentalmente la prisa.
    Usted me dirá que nihil novum… Cierto. La prisa es rasgo de la modernidad y de la postmodernidad, o de la nueva sensibilidad o de la tardomodernidad o de la supermodernidad, o de la realidad líquida… nombres todos ellos que se dan a este período que casi todos los pensadores señalan que se inició tras la última revolución en occidente, en los años sesenta del pasado siglo. El espacio y el tiempo solo pueden ser batidos yendo más rápido. El espacio y el tiempo se reducen si aumento la velocidad. Todo se consume. Todo es consumible. Lo importante no es tener, sino consumir. Los productos nacen con una obsolescencia calculada: un producto no es para siempre, ni un matrimonio, ni una impresora, ni una amistad… Se usa, se consume, se cambia… “Vive deprisa, muere joven y deja un bonito cadáver”. Sintomatología, pero ¿y el remedio?

6 de febrero de 2017

CHARLIE-SALIDA-55-DIOS NO COME CARACOLES. PRESENTACIÓN.

      

      
      Querido charlie:

      Me has preguntado muchas veces en estos días que si he preparado ya la presentación de Dios no come caracoles y te he contestado que aún no tuve el tiempo que eso requiere. Es más, añado ahora: no creo que vaya a tenerlo, por lo que estoy haciendo una preparación sui géneris de lo que intentaré en ella. Ya lo oirás, si vas al salón de la Real Sociedad Económica de Amigos del País, el próximo viernes a las 19:30… ¡Sí, el día 10! No, no fue el viernes pasado…, como tu primo el lileta, otro charlie como tú preguntó: “¿Ha ido bien la presentación?”, me dice el tío. “Es el día 10”, le contesto. “Pos mu bien”. Eso digo yo.

      No quisiera hacer como la Lola Flores (q.e.p.d.) que, tras invitar a toíta España y presentarse en Marbella hasta el apuntador, dijo aquello de “Si me queréis irse”. En el salón de la Económica caben 200 personas…, te lo digo charlie: que vaya quien quiera. Estemos quienes estemos…, me gustaría que pasáramos un ratico amable, literalmente: amable.

       Quienes no fueron aún invitados o llamados y lean esto y tengan interés… ya lo están. Te aseguro, charlie, y sabes que soy hombre de palabra, que: no he descartado a nadie por incuria, inquina, aversión, animadversión… Si olvidé a alguien, lo siento y que me disculpe. Insisto: si cabemos, bien; y si sobramos, lo siento. Quienes puedan avisar a quienes crean que pudieran tener interés… ¡que los avisen! Dios queriendo, allí estaremos.
     
     AVISOS: no se podrá atender a todas las personas como cada una de ellas se merece; espero que se comprenda. Se podrán comprar libros en el acto.


            Con cariño,